Spinosaurus
"Reptil Espina" es un
género representado por
dos especies de
dinosaurios terópodos
espinosáuridos, que
vivieron a mediados del
Cretácico, hace
aproximadamente 95 y 93
millones de años, en el
Cenomaniano, en lo que
hoy es Níger y Egipto.
Medía unos 12 metros de
longitud, y pesaba unas
4 toneladas. Era un
carnívoro enorme de la
longitud de dos
elefantes o de un
remolque de camión, y el
peso de tres coches, lo
que le hacía uno de los
carnívoros más largos.
Fue hallado en la misma
zona del norte de África
de un herbívoro con pico
de pato, el
Ouranosaurus, un
dinosaurio con una alta
vela a lo largo del
lomo, y posiblemente el
carnívoro lo cazaba. Al
igual que el herbívoro,
el Spinosaurus tenía una
gran vela en forma de
aleta que recorría su
dorso. Estaba sostenida
por una fila de espinas
rígidas. En el punto más
alto de la vela, las
espinas superaban los 2
metros de altura, más,
por tanto, que la
estatura de una persona.
Estas espinas
sostenían una capa de
piel, y algunos
científicos creen que la
recorrían numerosos
capilares sanguíneos.
Cuando avanzaba a
grandes zancadas por su
soleado hábitat, llevaba
a su espalda su propio
sistema de calefacción y
refrigeración solar. Los
científicos creen que
quizá regulaba la
temperatura de su cuerpo
mediante su vela; cuando
quería calentarse o
refrescarse, simplemente
se ponía en una
dirección concreta.
Colocándose
transversalmente al sol,
absorbía el calor
mediante su enorme vela
de piel, y su sangre se
calentaba. La extensa
superficie de la vela
funcionaba como un panel
solar. El calor de los
rayos se distribuía por
el enorme cuerpo del
dinosaurio. Esto le
permitía disponer de más
energía.
Otros
reptiles tardaban más en
calentarse tras una fría
noche en el desierto, y
eran más lentos
comparados con este
dinosaurio, por lo que,
al calentarse
rápidamente por la
mañana y entrar en
actividad antes que
otros animales, podían
ser presas fáciles para
este animal tan
peculiar. Cuando te
acaloras demasiado,
seguramente buscas la
sombra o te tomas un
refresco. El dinosaurio
tenía su manera
particular de
refrescarse. Cuando
soplaba el viento
permanecía con la vela
extendida
transversalmente a éste,
lo que servía para
reducir su temperatura
corporal. Al enfriarse,
la vela desprendía calor
como un radiador
gigante.
Algunos científicos
creen que pudo haber
adoptado vivos tonos
durante la estación de
apareamiento para atraer
a las hembras, o la
usaba como señal para
impresionar y ahuyentar
a los machos rivales. En
cualquier caso, la alta
vela era digna de verse
cuando este dinosaurio
se pavoneaba por los
parajes del Cretácico.
Como muchos otros
dinosaurios carnívoros,
tenía una cabeza enorme,
de más de 2 metros de
longitud, unas poderosas
mandíbulas y un temible
juego de dientes. La
cabeza era bastante
plana por arriba y
formaba una pendiente en
dirección al hocico
achatado.
La mandíbula inferior
era larga y aplanada,
como la de un cocodrilo,
a la que era semejante,
y podía abrirse de par
en par, y luego, gracias
a sus potentes músculos,
cerrarse bruscamente de
golpe, como una trampa,
sobre la carne de su
infortunada víctima. Una
amenazadora hilera de
dientes afilados
recubrían sus
mandíbulas. Los dientes
tenían forma de cono y
sus bordes eran lisos,
por lo que no resultaban
muy útiles para
masticar. Probablemente
engullía a sus víctimas
enteras, como los
cocodrilos actuales. La
forma curva de sus
mandíbulas también
garantizaba que los
dientes encajaran unos
con otros cuando las
mandíbulas se cerraba,
impidiendo a la presa
liberarse.
También
tenía el cuello muy
largo y flexible, lo que
le permitía sacudir
violentamente la cabeza
de un lado a otro y
arrancar así pedazos de
carne a su víctima. Un
largo y musculoso cuerpo
le convertía en un
formidable cazador. Era
de constitución ligera,
a pesar de su tamaño,
por lo que podía cazar
una amplia variedad de
presas. Se arrastraba
entre los tupidos
matorrales o bien se
precipitaba sobre su
víctima a la carrera
sobre las patas
traseras. Dos macizas y
musculosas patas
traseras sostenían la
mayor parte de su peso.
Eran mucho mayores que
las delanteras, a las
que las dejaba libres, y
le permitían arremeter a
gran velocidad contra su
presa. Las patas
delanteras eran largas y
fuertes, muy útiles para
cazar. Sus dedos estaban
rematados por fuertes
garras curvas. Un
manotazo suyo habría
acabado con la vida de
la mayor parte de los
dinosaurios.
Al correr, mantenía
elevada su larga cola,
ancha en la base y fina
en la punta, para
sostener el equilibrio.
Probablemente podía
correr a gran velocidad
en distancias cortas.
Cuando se descubrió a
este dinosaurio en
Egipto, sólo se
encontraron unos cuantos
huesos, incluyendo una
mandíbula inferior rota,
varios dientes y algunas
vértebras. Por
desgracia, estas
importantes pruebas
fueron destruidas por
las bombas arrojadas
sobre Dresde, Alemania,
durante la segunda
guerra mundial. |