Pachycephalosaurus
"Reptil de Cabeza
Gruesa" es un género
representado por una
única especie de
dinosaurio marginocéfalo
paquicefalosaurínido,
que vivió a finales del
período Cretácico, hace
aproximadamente 68 y 65
millones de años, en el
Maastrichtiano, en lo que
hoy es Norteamérica.
Era el mayor de los
dinosaurios de cabeza
dura y el último que se
extinguió. El mayor
encontrado hasta ahora
encajaría perfectamente
ente dos postes de una
portería de rugby. Medía
unos 8 metros de largo,
desde la punta del
hocico hasta el extremo
de la cola. Tenía los
ojos del tamaño de
pelotas de tenis,
situados en los lados de
la cabeza, bastante
arriba. De este modo, el
animal podía mirar en
todas direcciones con
facilidad, lo cual
representaba, junto con
su agudo olfato, una
ventaja en un mundo en
el que los dinosaurios
se devoraban unos a
otros.
Poseía una cabeza muy
peculiar. Era abombada y
tenía un bulto muy
elevado, no porque el
animal tuviera el
cerebro muy grande, sino
porque el cráneo
alcanzaba los 25
centímetros de grosor:
tanto como 5 ladrillos.
El cráneo era menos
grueso en las hembras y
en las crías, y también
una especie de símbolo
de posición con el que
los machos luchaban
entre sí. Alrededor de
la cúpula del cráneo,
tenía un reborde de
protuberancias óseas
redondeadas, parecido a
una corona de guijarros,
que servían más para
impresionar que para
embestir. Algunos
expertos creen que
durante la estación de
apareamiento, a los
machos les saldrían
manchas de vivos colores
en la cara como señal de
advertencia para otros
machos del rebaño.
Tenía
un hocico largo y
puntiagudo rematado por
un pico curvo. Por
encima del pico
sobresalía un racimo de
fuertes y afiladas púas
que podían herir
dolorosamente a
cualquier depredador lo
bastante audaz como para
atacar a este animal tan
alto como dos osos y
largo como un autobús de
25 plazas. Para
embestir, adquiría la
postura típica, cola en
horizontal, lomo recto y
cráneo hacia delante, de
forma que al chocar las
dos cabezas no se
fracturara ningún hueso.
Es probable que
utilizara las púas del
hocico inmediatamente
después de embestir a un
rival a cabezazos, con
bruscos movimientos del
cráneo de abajo arriba
para ensartar al
dinosaurio aturdido.
La bóveda ósea
también le servía para
defenderse de los
depredadores, a los que
podía haberles roto
algún hueso. Vivía en
rebaños, como las vacas
actuales. Su dieta
consistía en platas,
frutas, semillas y
posiblemente insectos.
Cuando caminaba y
pastaba, empleando sus
dientes de sierra para
desgarrar hojas y
brotes, arrastraba su
larga cola puntiaguda
tras de sí, pero cuando
bajaba la cabeza para
embestir a otro macho o
golpear a un atacante,
mantenía la cola rígida
en posición horizontal.
La cola estaba compuesta
por 20 huesos pequeños y
quizá tuviera la
flexibilidad necesaria
como para azotar a su
atacante, como un
potente látigo.
Tenía las patas
delanteras cortas y
rollizas, con cinco
dedos cada una, que
utilizaba para arrancar
hojas de los árboles o
tirar ramas y
acercárselas a la boca.
Cada dedo terminaba en
una garra muy afilada,
que quizá ayudara al
animal a defenderse, o
tal vez a trepar por las
escarpadas laderas
montañosas aisladas,
donde vivía, como las
cabras monteses
actuales. Unas largas y
gruesas patas traseras
soportaban su enrome
cuerpo. Eran muy
musculosas, y permitían
al animal huir a gran
velocidad de los
peligrosos carnívoros, y
también embestir a un
macho rival en sus
duelos a cabezazos.
Tenía cuatro dedos en
cada pata trasera, tres
de ellos largos y con
fuertes y anchas garras.
El cuarto dedo era mucho
más corto y le ayudaba a
mantener el equilibrio. |